Apoyo al cuidador
Cuidar es una tarea con una doble implicación, por una parte el cuidador debe conocer las necesidades de la persona y, por otra, saber cómo satisfacerlas. Según la naturaleza del problema, cuidar puede requerir una pequeña cantidad de trabajo o una gran tarea, puede ser algo breve o que no se sabe cuándo va a finalizar.
Diferentes experiencias clínicas demuestran que la ayuda de la familia y del entorno más cercano a la persona afectada puede jugar un papel muy importante en los procesos de tratamiento y rehabilitación en las enfermedades neuromusculares e influir de manera significativa en los resultados obtenidos.
Las personas afectadas por enfermedades neuromusculares necesitan, en muchas ocasiones, la ayuda de una tercera persona para desarrollar parte de sus actividades cotidianas. Este apoyo, en la mayoría de los casos, suele ser brindado por algún familiar que pasa a desempeñar el papel del “cuidador principal”.
En muchas ocasiones, la atención es constante y continuada y la dedicación requiere una alerta en la persona cuidadora. En algunos casos, la persona afectada necesita ayuda para actividades concretas, pero en otros la ayuda no es tan mínima, sino que necesita asistencia para realizar muchas de las tareas cotidianas.
Por eso, el papel del cuidador principal es muy importante ya que realiza una serie de funciones indispensables para la atención a los afectados, entre ellas, destacan:
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Apoyo y soporte en actividades básicas de la vida diaria: vestido, higiene, alimentación, estimulación,...
- Atenciones propiamente asistenciales: control y administración de medicación; seguimiento, control y observación de signos y síntomas de riesgo; movilización y realización de ejercicios motores específicos…
- Contacto físico, relación afectiva, apoyo emocional y mediación relacional con los otros, incluidos los demás miembros de la familia.
Al ser una figura de tanta relevancia para la persona afectada, sobre todo en los casos de importante dependencia, el cuidador está sometido a una situación de estrés continua en su vida diaria. En algunas ocasiones, incluso ha tenido que renunciar a su vida laboral para desempeñar su tarea de cuidados. Además, el cuidador principal se ve expuesto a diferentes emociones y sentimientos, tanto positivos como negativos, que influyen sobre su estado anímico. Todo ello repercute negativamente en la vida social del cuidador, la cuál ve mermada, provocando, en su conjunto, una disminución de su salud y calidad de vida.
En definitiva, la tarea de cuidar conlleva una amplia variedad de problemas de tipo físico, psíquico y sociofamiliar que es necesario conocer.
Por ello, y ante tales implicaciones, si no se toman las precauciones oportunas puede producirse una situación de sobrecarga del cuidador. Ésta se caracteriza tanto por la aparición de síntomas físicos (cefaleas, lumbalgias), como psíquicos (insomnio, ansiedad, depresión) o socio familiares (aislamiento social, alteración de la convivencia familiar, pérdida de empleo, problemas económicos).
Ante la aparición de sobrecarga se debe desarrollar una intervención directa que permita afrontar esta situación y ponerle solución. Por eso, el cuidador debe ser, por sí mismo, sujeto de atención. Además de reconocer su papel como informador y proveedor de tratamientos y cuidados, es necesario cuidar al cuidador.
La atención se basa en:
información sobre la enfermedad que presenta su familiar
formación en los cuidados que debe aplicar
identificación de sus necesidades
apoyo al cuidador.
El médico de familia es la figura clave para la atención de las necesidades del cuidador. Este profesional, punto de entrada en el sector de la sanidad, propondrá y reunirá los recursos para que el familiar reciba la atención necesaria en su situación particular.
Además, otros profesionales sociosanitarios como el psicólogo, el trabajador social o el terapeuta ocupacional podrán ofrecer su apoyo e intervención con el cuidador.
Consejos para el cuidador:
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El cuidador debe formarse en autocuidados: no sólo seguir consejos para su salud física sino también de aprender a identificar cualquier síntoma de sobrecarga y afrontar sentimientos negativos.
- Pedir ayuda: Esta ayuda puede provenir de los otros miembros de la familia, de voluntariado, de amigos, pero también debe exigirse que provenga de todo un sistema sociosanitario con recursos adecuados a las necesidades de las personas dependientes.
Consultar a profesionales, especialmente, al médico de cabecera.
- Poner límites al cuidado: cuando se presta o se demanda más ayuda de la necesaria.
Cuidar de la propia salud: mantener unos hábitos de vida saludables como descansar y dormir bien, hacer ejercicio con regularidad y llevar una buena alimentación.
- Evitar el aislamiento: Disponer de algún tiempo para hacer actividades satisfactorias, mantener alguna afición, continuar las relaciones sociales…
Conocer y hacer uso de los derechos: los cuidadores también tienen unos derechos básicos e inalienables.
- Aprender a relajarse: las técnicas de relajación, como el yoga, taichi o la relajación progresiva, tienen unos efectos muy positivos sobre la salud y el bienestar de los cuidadores.
- Aprender a no culpabilizarse y a sentirse mejor: Durante el desarrollo de sus funciones, el cuidador puede sentir sentimientos de impotencia y culpabilidad. Estas emociones influyen negativamente en su bienestar, por lo que deben ser identificadas y actuar para reducirlas al mínimo.
Y ante todo, mantener una actitud positiva.
ASEM Galicia también apoya a los cuidadores.
Desde ASEM Galicia, consideramos fundamental la labor que desarrollan los cuidadores principales y familiares. Por eso, también ofrecemos una atención directa al cuidador. Las áreas sanitaria, social y de terapia ocupacional darán respuesta personalizada a cualquier consulta o intervención que nuestros socios quieran realizar.